martes, 16 de septiembre de 2008

2008...Argentina está bien, bien complicada

Es asombroso escuchar los análisis que la presidente es capaz de realizar. Aparentemente ella cree que una crisis financiera y real de la economía más grande del mundo no afectará a la Argentina. Para los que quizás creen estos dichos y creen que nuestro país está fuerte frente a la crisis, y cree que aquellos países ultra desarrollados no son un ejemplo a seguir, como dice la señora K los invito a que reflexionemos un poquito.
Empecemos por el final, para hacer honor a nuestra desordenada forma de vivir. Si los Estados Unidos no fuera un ejemplo económico a seguir (quizás no lo es en muchos aspectos, pero sin dudas en lo que respecta a la economía les ha ido mejor que a nosotros) hoy quizás no sería la primera economía mundial. Sería bueno preguntarle a la presidente cuántos años de bonanza cree que deberíamos tener para llegar a tener una economía como la del país del norte. Seguramente más de 30 años. Crisis las tenemos todos, de eso los argentinos sabemos mucho. Lo que importa es cómo se recuperan de esas crisis, qué se aprende de ellas, cómo se aprovechan las nuevas oportunidades. Nosotros, al parecer, no hemos aprendido nada de nuestras crisis porque se repiten una y otra vez, muy parecidas unas a las otras, y buscamos aplicar los mismos remedios y cometemos los mismos errores. Por eso, aunque suene lindo al oído y hoy parezca cierto, sin duda hoy la Argentina no es un modelo a seguir, y, tomando un comentario que leí en una página, quizás el problema de los Estados Unidos es que se está "argentinizando". Como dice el viejo refrán, "mal de muchos, consuelo de tontos".
Respecto a la situación de Argentina frente a la crisis nuevamente hay que analizar que va a ocurrir con la oferta y la demanda. Hoy, Estados Unidos es un gran comprador de productos primarios de Argentina, por lo que una caída en el nivel de actividad de dicho país influirá directamente en una caída en las exportaciones de nuestro país al país del norte. Algunos piensan que podemos venderle lo nuestro a otros y listo. Es posible, pero, si por ejemplo, Estados Unidos disminuye la compra de productos a China e India, es muy probable que la actividad económica en dichos países caiga y por lo tanto tampoco nos quieran comprar a nosotros. en definitiva, la demanda mundial de los productos que nosotros ofrecemos puede caer fuertemente, al igual que los precios, algo que por cierto ya está ocurriendo.
Por el lado de la oferta hay que ver qué puede ocurrir con las importaciones que nuestro país realiza. En un principio podría esperarse que la oferta de importaciones no caiga, pero hay que preguntarse qué puede ocurrir con el dólar y con el precio de las importaciones en dólares. Si la actividad mundial se reciente es de esperar que todos los precios caigan y que por lo tanto se abaraten las importaciones. Pero, por otro lado, si la crisis financiera mundial por alguna razón se transforma en una crisis financiera local que impulse el valor de la divisa norteamericana hacia arriba, las importaciones se encarecerán, caerá la cantidad importada y con ello la producción local de bienes que utilizan insumos importados. Además, la crisis financiera reduce la disponibilidad de crédito externo, más de lo que actualmente se encuentra, dificultando aún más la importación, sobre todo de bienes de capital.
En razón de todo esto resulta muy difícil creerle hoy a nuestra presidente cuando habla, y resulta muy preocupante si ella se cree las cosas que dice.

lunes, 15 de septiembre de 2008

¿Qué puede ocurrir con el dólar en Argentina?

Resulta interesante aveces intentar analizar las variables económicas para predecir lo que sería razonable que ocurra (suponiendo que no aparecen nuevas variables en el terreno). Respecto a qué puede ocurrir con el dólar en Argentina cabe preguntarse qué ocurrirá por el lado de la demanda y qué ocurrirá por el lado de la oferta. Además, como el mercado del dolar es un mercado controlado en nuestro país también resulta de importancia saber qué piensan las autoridades políticas y económicas del país.
Por el lado de la demanda: si se concreta el pago al club de París el BCRA estará deseoso de recomponer sus reservas lo que implicará una gran demanda de dólares en el mercado que tenderá a hacer subir la cotización del mismo.
Además, los vencimientos de deuda externa en 2009 son elevados por lo que esto aumentará aún más la demanda de dólares en el mercado.
Por el lado de la oferta: la próxima campaña agrícola traerá algunas bajas (caso del trigo y del maíz aparentemente) que implicarán una caída en las divisas que ingresan al país por la exportación de dichos productos debido a bajas en las cantidades exportadas y en los precios (la soja cayó un 20% y dada la situación mundial actual no hay indicios de que vuelva a alcanzar los valores registrados unos meses atrás).
Intervención en el mercado: el presupuesto 2009 está pensado con un dólar cotizando a $3,19, lo cual indica que, en un mercado intervenido como el nuestro, muy probablemente sea una decisión política tomada el mantener la cotización de la divisa en dicho valor. Por otro lado, la UIA está reclamando un dólar más alto debido a la caída en el tipo de cambio real que provoca la elevada inflación actual. Si tenemos en cuenta que el año próximo hay elecciones, lo cual implica seguramente grandes erogaciones en concepto de obras públicas y subsidios, no es de esperar que la inflación se desacelere, a no ser que se registre una caída muy fuerte en el nivel de actividad interno; algo que por cierto puede ocurrir dado los bajos niveles de confianza de los consumidores y la caída en la actividad económica mundial.
Un extra: algo para tener presente es que recientemente Argentina y Brasil han acordado eliminar el dólar en las transacciones bilaterales, esto sin duda ayuda a disminuir un poco la demanda por la divisa norteamericana y de esa manera reducir las presiones al alza.
Conclusión: como conclusión se puede decir que todo indica que la cotización del dólar en nuestro país puede aumentar en los próximos meses. Cabe aclarar que la economía no es una ciencia exacta y que lo aquí dicho se basa en razonamientos coherentes sobre la evolución de ciertas variables. Ahora bien, si el escenario cambia, las conclusiones también. La última palabra, como siempre, la tendrá el tiempo.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Las elecciones 2007 en Córdoba

Córdoba, 05 de Abril de 2007

Encuentre las Diferencias

Hace ya más de un año que los cordobeses somos espectadores de tres campañas electorales: nacional, provincial y municipal; sin embargo, hasta el momento son pocas o casi nulas las propuestas escuchadas y, por el contrario, son miles los reproches, las denuncias y los agravios que se cruzan entre quienes dicen ser nuestros actuales o futuros representantes. Como votante siento una falta total de información y un exceso de publicidad colorida que intenta embaucarme como si fuera un niño. Creo que sería bueno que en este país se comience a utilizar la instancia del debate pre-electoral entre candidatos para que los votantes podamos escuchar diferentes ideas y elijamos al candidato que mejores propuestas tenga para la ciudad y que con mayor probabilidad cumplirá sus promesas. Para que esto ocurra, encuentro indispensable el apoyo de los medios de comunicación y su compromiso con la sociedad a través de la creación de estos espacios de debate que con certeza nos favorecerán a todos los votantes, y con seguridad también complicarán a los candidatos faltos de ideas y ávidos de poder.
Mientras tanto, la falta de debate convierte al conjunto de candidatos en una colección de imágenes similares entre las que se hace prácticamente imposible encontrar las diferencias.
Para terminar hago un llamado de atención a la sociedad para que no se deje marear por ese mar de imágenes, spots publicitarios y mega anuncios y sepa encontrar entre todo ese caos desinformativo aquellos datos que si constituyen información útil a la hora de votar y que pueden lograr que nuestro país, provincia y ciudad salgan adelante.

El conflcito con el campo

MI OPINIÓN SOBRE EL CONFLICTO DEL CAMPO

Esto que sigue es simplemente mi opinión que comparto con ustedes porque creo que es hora de que entendamos que al país hay que discutirlo para que llegue a ser lo que soñamos. La idea es generar interrogantes, quizás contestar algunos, crear cuestionamientos y con suerte generar en cada uno de ustedes las ganas de opinar y pensar también esto que está aconteciendo.
Lamentablemente la señora presidente recurre a mentiras o verdades parciales para justificar su accionar y ello lleva quizás a confusión. Intentaré contestar al menos algunas de las cosas que se han ido planteando desde el gobierno para dar más precisiones. Intentaré que esto no sea una posición ideológica o partidaria, todos conocen mi absoluta discrepancia con quien nos gobierna, sino una mera exposición de ideas que van más allá de la inclinación partidaria.
El primer argumento que se esgrimió para defender las retenciones desde el gobierno fue controlar la suba de precios. Esto puede ser cierto quizás con el trigo y el maíz, de ninguna forma lo es con la Soja dado que el 95.6% de la Soja producida en nuestro país se exporta con lo cual el aumento de precios de esta no influye casi en los precios internos.
El segundo argumento fue el de evitar la Sojización del campo. Esto sería válido si el gobierno no hubiera promovido dicha sojización durante los 5 años que han estado en el poder para poder mantener su superávit fiscal. Así es, durante 5 años el superávit fiscal se logró en buena parte gracias a la Soja, sin embargo ahora dicen que esto no es bueno. Además en realidad es difícil que los grandes productores de soja, los pooles de soja como se dice abandonen el negocio, con lo cual en los hechos la medida sólo busca aumentar la recaudación.
Si el objetivo fuera disminuir la producción de Soja, ¿no hubiera sido más inteligente elevar las retenciones antes de que se siembre y no al momento de la cosecha?.
Relacionado a esto dicen que por primera vez en 5 años bajaron las retenciones al Trigo y al Maíz. Es cierto, las bajaron a penas un 1%, siempre y cuando los precios no aumenten, porque de aumentar los precios la retención aumentaría.
La presidente dice que los productores tienen costos en pesos y venden en dólares, la presidente no sabe que en realidad los productores están pagando muchos insumos en dólares, algunos de los cuales aumentaron más de 5 veces su valor desde el 2003 a la fecha.
Se queja también de las 4x4 de los productores. ¿Ustedes se quejarían del camionero que tiene un Camión Mercedes Benz?. Señores la 4x4 del productor es su herramienta de trabajo, el productor anda en su 4x4 pero con una bombacha de gaucho, no con un pantalón Versace como el que usa la señora presidente que no constituye precisamente una herramienta de trabajo, a menos que sea modelo. En última instancia, a todos nos vendría bien una 4x4 a la hora de transitar por las rutas argentinas cuyos posos están ya para el Libro Guines. Dichas rutas, por donde los productores deben trasladar la mercadería están en un estado tan lamentable que resulta increíble. El productor paga costos altísimos de transporte debido a la pésima infraestructura vial argentina.
¿No estaría más tranquilo acaso el productor si viera que sus aportes en retenciones vuelven a cada provincia en forma de mejores rutas, líneas de crédito subsidiadas para la inversión, estímulos económicos para la rotación de cultivos, estímulos financieros para la investigación aplicada al campo, etc?. Si el productor viera aumentar los impuestos pero por otro lado viera disminuir sus costos gracias a políticas de desarrollo impulsadas desde el ejecutivo quizás no estaría tan molesto.
Otro dato importante es lo que concierne a la estructura del sector. En el caso de la Soja actualmente, acorde a Buzzi (Dirigente de la Federación Agraria), entre el 60% y el 70% de la producción está en manos de grandes inversores (fideicomisos), el resto está en manos de pequeños productores que día a día apuestan a mejorar la eficiencia de su producción y ser cada vez más competitivos. Este 30% o 40% es el que está hoy en las rutas reclamando, estos son a los que la presidente, parada encima de sus altos zapatos importados, llama “piqueteros de la abundancia”.
Esta medida indiscriminada ha sido simplemente una más de tantas medidas desacertadas que han llevado al campo a una situación crítica; obviamente no me refiero a la Soja, sino a la parte del campo destinada al consumo interno, al consumo de los argentinos. La señora presidente dijo ayer en su discurso que esta medida era una medida contra el pueblo, creo yo que las medidas contra el pueblo fueron las llevadas a cabo por su gobierno y el anterior, ya que gracias a ellos el país se está quedando sin leche y sin carne. La cantidad de tambos disminuyó drásticamente desde 2005 a la fecha, y las existencias de ganado bovino se mantienen en los niveles de la década del ’70 con una población considerablemente mayor, sin tener en cuenta el incremento en la faena de hembras, con lo que en pocos años de continuar la tendencia nos estaríamos quedando sin carne suficiente para abastecer a todo el mercado argentino.
Un dato más que creo importante señalar es lo que refiere a la inversión. La presidente se queja de que los industriales invierten poco, de que no quieren asumir y riesgos y sin embargo castiga ferozmente a quienes lo hacen. El sector agropecuario argentino ha realizado estos últimos años grandes inversiones en tecnología de punta que le permitan estar a la vanguardia y de esa forma ser más eficiente. Pero la inversión en el campo no es fácil. Casi no hay créditos, el rendimiento de la inversión se ve recién uno (caso de granos) o dos años (caso de la cría de ganado) después, con lo cual el productor hace una apuesta grande. Imagínense un productor que hoy decide endeudarse y comprar maquinaria pesada (tractor, cosechadoras, etc.). Toma un crédito y confía que de acá a un año, cuando levante su cosecha podrá pagar su deuda con el resultado de su producción. Llega el día de la cosecha y el gobierno le informa que le confisca el 50% de su ganancia bruta. Ese productor no sólo tubo una rentabilidad menor a la esperada por un factor que nada tiene que ver con cuestiones de mercado o climáticas, sino que además se enfrenta al vencimiento de una deuda cuyo pago se ve severamente complicado dada la disminución que el gobierno le aplicó a sus ingresos. Yo quisiera preguntarle a ustedes si invertirían otra vez bajo esas condiciones. Qué hace el productor, vende sus pocas hectáreas a los grandes pooles y favorece aún más al proceso de concentración de la tierra del que tanto se queja la señora presidente.
¿Qué creo yo? Creo que el único objetivo real detrás de esta política de retenciones es aumentar los ingresos fiscales, no con el propósito de redistribuir el ingreso (hecho que sería loable pero que en la práctica no se da) sino con el objetivo de disciplinar a los gobernadores de manera de que estos apoyen al gobierno en todas sus medidas a cambio de algunas, escasas, obras públicas en sus provincias. Este dinero que recaudan es de todos señora presidente. Por otra parte ese dinero no solo no se redistribuye hacia los más pobres sino que en realidad enriquece más aún a los ricos. Los exportadores pagan a los productores el valor de la soja, el maíz o el girasol menos lo que deben pagar de retenciones; con lo cual, quienes sufren las retenciones son los pequeños productores y no los grandes exportadores.
Quizás no sean muchos los que han llegado hasta el final de este texto, pero sin duda aquellos que lo hicieron ahora tienen una razón más para ponerse a pensar, tienen más preguntas para hacerse e intentar responder.
Ese era mi objetivo, generar la discusión y presentar lo que yo creo es la realidad por la que atravesamos.
Espero respuestas de quien desee hacerlo, sin duda me servirán también sus opiniones para formar mejor la mía.

Una opinión política... desactualizada

¿hacia dónde queremos ir? Esta pregunta que para algunos resulta demasiado pretencioso responder, yo, desde mi punto de vista, creo que aunque difícil, es necesario responderla, no sólo por nosotros, sino también por aquellos que vendrán luego y deberán afrontar las consecuencias de NUESTRAS acciones.
Para poder responder esta pregunta necesitamos conocer cuáles son las opciones posibles; dado que yo sólo conozco dos de ellas voy a limitarme a hacer referencia sólo a ellas, dejando a quien conozca otras opciones más en profundidad la tarea de difundirlas.
Voy a empezar por la opción que todos conocemos: Kirchner. Creo que no hace falta decir que independientemente de cuál sea el primer nombre que acompaña a ese apellido las ideas y consecuencias son las mismas.
Para hacer un repaso corto yo anotaría las siguientes falencias del modelo actual, del presidente actual, que desde mi punto de vista van a continuar. El orden es sólo cuestión relacionada a cómo me fueron surgiendo las ideas:
El presidente critica las privatizaciones pero hace 14 años aproximadamente las aplaudía.
Critica la convertibilidad de Cavallo pero ahora sostiene otra convertibilidad, una que nos redujo el poder adquisitivo en un 200%, sostenida de igual forma que como lo hizo Cavallo entonces, con endeudamiento; Cavallo usó el endeudamiento externo, este gobierno usa el interno, no hay mucha diferencia. Sigue siendo una convertibilidad insostenible.
No realizó las inversiones en energía que hoy nos permitirían no sólo evitar la crisis energética (que si la hay y que este año será peor dado que la oferta no aumentó y la demanda sigue creciendo), sino también crecer de manera sostenible y con menor inflación, ya que energía significa producción, esto es: aumento de oferta, y si aumenta la cantidad de productos su precio disminuye.
El presidente desprestigió una institución de reconocimiento internacional como el INDEC, manipulando de manera grosera sus índices, e incluso poniendo “topes” a los aumentos en la inflación (para quienes no lo saben, el gobierno introdujo en el software que calcula la inflación un tope máximo de 30% para ciertos productos, si el aumento es mayor el software lo considera error y lo transforma automáticamente en cero). Violó además el secreto estadístico, enviando a los “muchachos de Moreno” a “apretar” a aquellos comerciantes que vendían a precios mayores a los “acordados”.
En este gobierno tuvimos el primer desaparecido de la democracia, Julio López.
En este gobierno tuvimos, al igual que en la época menemista, sobreprecios en la obra pública (caso Skanska), valijas con droga (caso Southern Winds), valijas con millones de dólares que entran y salen del país, ministros que pagan sobresueldos (caso de la secretaría de medio ambiente) y muchas prácticas más similares o aún más escandalosas que las de los 90’s.
El gobierno concentró los recursos de las provincias para tener más poder, alentó a millones de jubilados a pasarse al sistema estatal para poder hacerse así de esos fondos y gastar en un año electoral. Sistemáticamente subestima los ingresos presupuestarios para poder adquirir más discrecionalidad en el reparto de los fondos no presupuestados.
También subestima el crecimiento para así disminuir aquellos gastos ligados al crecimiento, como el presupuesto educativo.
Estas y muchas otras cosas más que por cuestiones de espacio no escribo hacen que yo considere que votar a Cristina Kirchner es perder la oportunidad de convertirnos en un país próspero, no una súper potencia como algunos nos quisieron hacer creer, sino un país en el que nuestros hijos estén mejor que nosotros, en el que haya futuro, en el que no haya más pobreza y se reduzca la desigualdad. Votar a Cristina Kirchner es aceptar que las cosas se han estado haciendo bien, y es pedirle continuidad. Quienes realmente saben economía o tienen suficientes años de vida como para haber acumulado experiencia, saben que este rumbo nos lleva al fracaso una vez más.
Ahora quiero escribir sobre quien yo creo representa una oportunidad de desarrollo para el país, una esperanza de un futuro mejor. Sobre esta persona escribo en base a dos fuentes: una, todos hemos visto ya su accionar como ministro de economía, la otra es un “libro” que esta persona escribió explicando en forma detallada sus planes, objetivos y formas de llevarlos a cabo. Las comillas en la palabra libro son adrede, porque yo les pregunto: ¿cuántos candidatos conocieron que tengan un libro, casi 300 páginas, de propuestas, ideas, objetivos?. Desde que yo tengo memoria las propuestas de los candidatos apenas alcanzaban para llenar un afiche, y últimamente ya ni propuestas ponen, sólo se refieren al “cambio”. Invito a todo aquel interesado a que lo lea, creo que no se va a arrepentir. La persona a la que me refiero es Roberto Lavagna, y ahora pasaré a comentar por qué creo que es quien debe ser el próximo presidente de la Argentina.
A continuación voy a enumerar un listado de razones por las que yo creo que Lavagna es una buena opción, sin ser para nada exhaustiva, creo que al menos proporciona algunas ideas importantes:
Fue el primer ministro desde el retorno de la democracia que no pidió superpoderes al Congreso de la Nación, respetando así la base democrática de esta Nación que tantas veces ha sido violada.
Propuso un plan energético al presidente Kirchner que de haberse implementado hubiera evitado los cortes de gas a la industria y al GNC que ocurrieron este año y que van a ocurrir nuevamente en el verano y durante todo el 2008.
No basó los aumentos de la recaudación principalmente en más impuestos sino en eficiencia recaudadora, buscando disminuir la evasión, lo cual genera condiciones más equitativas.
Dio libertad de acción al presidente del Banco Central para realizar política monetaria independiente, lo cual permitió mantener la inflación en valores razonables sin necesidad de acuerdos de precios ni “retoques” a los índices oficiales.
Propone crecer en base a la generación de conocimientos, la investigación y el desarrollo (para lo cual propone invertir fuertemente en el sistema educativo completo), lo cual permitirá crecer en forma sostenida y mejorar los salarios. Esta propuesta de crecimiento es revolucionaria y deja a un lado la vieja estrategia de “crecer” en base a exportaciones de productos primarios sin valor agregado y cuyos precios están altamente ligados a la coyuntura internacional. Además dicho crecimiento estará encabezado por las empresas PyMES del país, las cuales son grandes generadoras de empleo y formadoras de mano de obra calificada.
Es el primer ministro de economía desde la reforma de la Constitución en 1994 que propone un nuevo sistema de coparticipación (presentó el proyecto de ley al congreso pero los kichenristas lo “cajonearon”), lo cual habla a las claras de su intención de repartir los recursos en forma más equitativa con las provincias y no controlarlos todos desde el poder central como lo hace actualmente el presidente.
Realizó una renegociación de deuda de carácter histórico, defendiendo la soberanía del país, y lo más importante: no estatizó un solo peso, como si lo hicieron sistemáticamente ministros anteriores.
Luchó contra los cárteles que formaban precios y se abusaban de los consumidores (caso sementeras).
Restringió el movimiento de capitales especulativos con lo cual fortaleció el sistema financiero y evitó que especuladores extranjeros realizaran actividades improductivas y se llevaran las ganancias al exterior.
Propuso renovar el método de cálculo del Índice de Precios para hacerlo más representativo de la realidad (y no menos, como hace ahora el gobierno).
Tiene sustento político basado en un consenso real, y tiene respeto internacional. Propone fortalecer el MERCOSUR y buscar socios políticos más estables como Chile y España, y no países como Venezuela e Irán que lejos de traernos beneficios nos ponen en la mira de terroristas y antiterroristas.
Quizás una de las cosas más importantes es que ya estuvo dentro del gobierno actual, conoce la situación desde cerca y para él no habrá sorpresas; y además es economista, lo cual implica que conoce la forma en que opera el mercado y reaccionan las personas por lo que cuando proponga medidas de carácter económico sabrá las consecuencias, no como el actual presidente que por tener formación de abogado poco puede saber del funcionamiento del mercado.
Creo que hay muchas cosas más para decir y por eso una vez más los invito a leer el libro de Roberto Lavagna “La Argentina que Merecemos” y así terminar de informarse.
Realmente creo no nos podemos dar el lujo de perder una vez más la oportunidad de ser un país próspero y serio; sino hacemos algo después no tendremos derecho a quejarnos ni a reclamar. Si participamos en estas elecciones en forma responsable, pensando el voto, votando en positivo y no en blanco ni anulando el voto (dado que dicho acto es una forma de lavarse las manos y sacarse responsabilidad en el tema) creo que podemos hacer una diferencia.
Por último una reflexión. No se dejen llevar por los resultados que publican las encuestas, dichos resultados se modifican para manipular la opinión pública. En general cuando se anticipa una derrota aplastante como la que se presagia en estos días, la gente tiende a creer que su voto no vale y por eso decide no votar, votar en blanco, o votar a cualquier partido. El resultado no se define hasta que emitimos nuestro voto, además, en este país ganar una elección en primera vuelta no es tan simple. Se necesita sacar más del 50% de los votos, o bien, si se obtiene menos de ese porcentaje se debe al menos estar a una distancia mayor a 20 puntos del segundo. Si tenemos en cuenta que el año pasado en las elecciones legislativas el partido del presidente obtuvo sólo el 35% de los votos, sus candidatos perdieron en Capital Federal, Misiones, Santa Fe y Tierra del Fuego, creo que es difícil creer que la candidata Cristina Kirchner obtenga el 15% de los votos, más aún si tenemos en cuenta la cantidad de hechos de corrupción COMPROBADOS que han ocurrido en estos meses y la inflación agobiante que deteriora cada vez más los ingresos de la gente.
Espero que el 28 de Octubre actuemos en forma responsable para el día de mañana mirar a nuestros hijos a los ojos sin avergonzarnos del país que les dejamos.
Agradezco su tiempo y espero al menos haberles dado un poco más de información.

Retenciones, una herramienta equivocada

Estoy convencido que en lo que a política económica y social se refiere la mejor forma de actuar es buscando la eficiencia y el mayor beneficio de la sociedad intentado minimizar la carga ideológica que todos tenemos que nos lleva a tomar decisiones poco fundadas. En razón de esto, creo también importante opinar sobre estas medidas siguiendo el mismo criterio. Aunque reconozco que es imposible eliminar toda subjetividad en el análisis del medio que nos rodea, sin embargo intentaré que mis opiniones se basen en hechos que sean plausibles de ser puestos a prueba.
En primer lugar tenemos que recordar el origen de las retenciones en nuestro país. Aunque en épocas pasadas se recurrió también a los aranceles a las exportaciones, su justificación era pura y exclusivamente fiscal. Su único objetivo era incrementar los ingresos fiscales deprimidos en general, por una fuerte caída de las importaciones por causas externas. No fue este sin embargo el contexto en el que nacieron las retenciones de estos últimos años. A principios del 2002 el país se sumergía en una profunda crisis económica y social que empujó a la pobreza a cerca el 50% de la población. El Estado debía responder de alguna forma a esa angustiante situación y dada la delicada situación fiscal y financiera en la que estábamos envueltos el único medio que permitió recaudar los fondos necesarios para ello fue la imposición al sector con mayor capacidad de ingresos de la economía de ese entonces, el campo.
La devaluación implementada en 2002 permitió al campo salir del largo invierno vivido durante la década de los noventa y retornar rápidamente a los escenarios mundiales.
Con los fondos recaudados a partir de dicho arancel se pudo financiar el plan social Jefas y Jefes de Hogar que llevó comida a miles de hogares del país. El objetivo era claro, los efectos eran visibles y el campo aceptó sin mayores cuestionamientos la medida.
En este contexto es indiscutible creo yo la legitimidad de la medida. Quienes más tenían en ese momento, quienes más se vieron beneficiados por la coyuntura del momento aportaron para apaliar los problemas de los más perjudicados.
Fueron pasando los años y la situación económica del país mejoró sustancialmente debido principalmente al gran empuje que proporcionaba el crecimiento de la actividad agropecuaria.
A partir del crecimiento del sector agropecuario se vieron beneficiadas muchas industrias complementarias, creció el poder adquisitivo y con ello el consumo, lo que terminó beneficiando a los sectores comerciales y productores de servicios. Este crecimiento implicó un aumento de los ingresos en todos los sectores de la economía y devolvió a muchos ciudadanos su condición social anterior a la crisis. Ya no era tan visible la necesidad de las retenciones, al menos no para financiar el plan originario dada la creciente disminución en sus beneficiarios.
A pesar de que el Estado veía nuevamente crecer sus ingresos decidió mantener el esquema de retenciones sin dar mayores explicaciones. Meses más tarde comenzó a incrementar dichos derechos de exportación justificándolos como un elemento redistributivo. Aquí comenzaron a plantearse los cuestionamientos a la medida.
El Estado mostraba índices crecientes de recaudación, la pobreza disminuía (al menos para el INDEC), todos los sectores de la economía ganaban más, con lo que la necesidad de gasto social se supone iba disminuyendo, y efectivamente se comprueba que el gasto social realizado disminuyó en estos últimos tres años en relación a los tres primeros desde la crisis. De esta forma, a pesar de que el gobierno sistemáticamente hablaba de la necesidad de redistribuir, poco hacía en pos de ello. A mi entender, y el de muchos otros, lo que estaba por detrás era una creciente necesidad de dinero necesario para financiar el explosivo gasto público realizado por el gobierno nacional. El dinero recaudado se convirtió en una importante fuente de poder que permitió al Estado Nacional concentrar grandes recursos para distribuirlos a discreción.
Nuevamente el argumento redistributivo se cae. Hasta el momento el mecanismo más completo de redistribución que posee el país es el sistema de coparticipación, sin embargo, y en contra de lo que dice la Constitución Nacional, los ingresos obtenidos por estos aranceles no se coparticiparon. No sólo eso, sino que la gran mayoría se destinó a subsidiar el consumo de servicios de transporte, agua, energía eléctrica gas y combustibles líquidos de los habitantes de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Es indudable la necesidad de dichos subsidios en parte del Gran Buenos Aires; pero también lo es en regiones como el NOA y el NEA, y es absolutamente injustificable en una zona como la Capital Federal cuyos residentes gozan de uno de los poderes adquisitivos más altos del país.
Otro elemento a tener en cuenta es el hecho de que las retenciones recaen sobre el productor y no sobre el exportador. Es decir, el exportador deduce del precio que paga al productor el monto de las retenciones con lo cual se favorece al exportador, en general un poderoso comerciante multinacional, en desmedro de los pequeños productores nacionales. De esta forma lo que se hace es una redistribución en sentido opuesto, desde los que menos tienen hacia los que más tienen.
Fuertemente ligado al argumento redistributivo está el argumento de los precios. El gobierno sostiene que la suba internacional de los precios de los productos agrícolas es culpable del aumento de la inflación local. Este argumento sería válido si las mayores alícuotas se hubieren establecido en el Trigo o el Maíz. Sin embargo la mayor alícuota se aplicó sobre la soja, un producto que se exporta casi en su totalidad en forma de grano o derivados. Menos del 10% del total producido en el país de esta oleaginosa se consume internamente, y sin embargo el gobierno insiste en culpar, entre otros, a la Soja del aumento en la inflación.
Tampoco es creíble el argumento de los precios desde el momento en que el gobierno no realiza ningún esfuerzo por incentivar el aumento de la oferta de productos alimenticios sino que todo lo contrario, se empeña día a día en disminuir la rentabilidad de los productores agropecuarios llevándolos al abandono de sus actividades en busca de sectores más rentables y menos intervenidos.
Otro argumento utilizado es el de los pooles de siembra. El gobierno alega que dichos pooles de constitución extranjera se llevan fuera del país grandes ganancias sin aportar nada. Es indiscutible que no es saludable para ningún sector de la economía en general semejante concentración de la oferta, pero es inentendible cómo las retenciones favorecen a la atomización del mercado. Por el contrario, al disminuir la rentabilidad quienes se encuentran en mejores condiciones para permanecer son los grandes productores y no los pequeños, con lo que las retenciones están llevando a una concentración aún mayor de la oferta.
Otro fundamento esgrimido a favor de las retenciones es su aporte para luchar con la sojización. Sin dudas que el monocultivo no es bueno y menos aún si compite con actividades tan esenciales para el país como la producción de carne y leche. Sin embargo, una vez más el accionar del gobierno deja mucho que desear. Durante los últimos años la mayor parte de la recaudación en concepto de aranceles a productos agropecuarios se debe al comercio de la soja. El gobierno pudo mantener su superávit fiscal desde el 2005 en adelante gracias casi exclusivamente a los aranceles a la exportación. Quiere decir que el gobierno dice combatir a su principal fuente de ingresos. Sería difícil de creer y hasta resultaría irresponsable fiscalmente hablando perseguir al principal factor explicativo de la recaudación. No sólo resulta poco creíble sino que se advierte el fuerte incentivo que el gobierno dio a este y otros cultivos a través de su política cambiaria y otras medidas.
Otro hecho que desmiente la lucha contra la sojización es la circunstancia que eligió el gobierno para aplicar el último aumento: la cosecha. Si el gobierno realmente buscara disminuir la extensión del cultivo de la soja hubiera sido mucho más efectivo incrementar la alícuota antes de la siembra.
El último justificativo del que se vale el gobierno es el de los incentivos a la generación de valor agregado. De todos los argumentos este es el único que se verifica en los hechos. Como se aprecia a partir de la lectura de las resoluciones que reglamentan los aranceles a las exportaciones desde que se incrementaron por primera vez se generó un diferencial que favoreció a quienes industrializaban el grano en forma de harinas, aceites o biocombustibles. Sin embargo, este hecho agrega un dato más en contra del argumento de la sojización. La actividad industrial más favorecida por el diferencial de aranceles ha sido la productora de combustibles de origen vegetal. Es sabido que en Argentina la mayor cantidad de biodiesel se fabrica en base a la soja, con lo cual el gobierno favoreció a una actividad que es gran demandante de ese grano contra el que dice estar luchando.
Uno a uno hemos visto como se caen los argumentos esgrimidos por el gobierno lo cual quita toda legitimidad a la implementación de este arancel. La pregunta que cabe hacerse sin embargo es si están mal los objetivos perseguidos por el gobierno, al menos los enunciados, o si lo que es incorrecto es el medio elegido para llevarlos a cabo. A mi parecer la lucha contra la inflación, el mono cultivo, la concentración del mercado, la generación de mayor valor agregado y los objetivos redistributivos son en si mismos metas loables, pero disiento profundamente en las herramientas utilizadas.
Pero no sólo discierno con el gobierno en cuanto a la utilidad del instrumental utilizado por todo lo expuesta anteriormente sino por varias razones más.
En primer lugar las retenciones han demostrado hasta ahora ser inútiles para resolver los problemas planteados. La concentración de la oferta aumentó, la pobreza está aumentando, la inflación también, la soja se sigue expandiendo y la generación de valor agregado ha disminuido en el primer trimestre del 2008 en relación a igual período del 2007.
En segundo lugar, las retenciones, como todo impuesto distorsivo, genera grandes ineficiencias. Quienes tienen algún conocimiento de economía saben que cualquier impuesto distorsivo genera una pérdida de eficiencia que se diluye; esto es básicamente un ingreso que se pierde. De esta forma, cabría preguntarse si no hay mejores maneras de realizar estas transferencias de ingreso desde los productores hacia los consumidores que impliquen una menor pérdida para ambos, dado que de esta forma quien gana es el país.
En tercer lugar disiento en el hecho de que la mayor parte de la carga recaiga sobre un sólo sector. Si el justificativo es aquel de que son los que más ganan me pregunto entonces para qué está el impuesto a las ganancias. En un estudio realizado recientemente por el economista del IERAL Juan Manuel Garzón, se explica que la presión impositiva actual a la que está sometido el campo sería similar a aplicarle un impuesto a las ganancias de más del 70%. Si tenemos en cuenta que la alícuota máxima aplicable en concepto de impuesto a las ganancias a cualquier actividad es del 35% vemos lo desproporcionado que resulta la situación actual. Esta situación es una flagrante violación al principio de igualdad ante la ley. Estos datos muestran lo inequitativo que resulta el esquema vigente y permiten apreciar la necesidad urgente de un cambio en las reglas de juego.
De la lectura de los párrafos anteriores se desprende mi oposición al sistema de retenciones actual, por inequitativo, ineficiente e inútil para los fines propuestos. Esto no implica que me oponga a la herramienta en si. Muchos países actualmente utilizan las retenciones como un medio para obtener ingresos fiscales. Algunos como Rusia y China también gravan los productos agrícolas, otros gravan las exportaciones de minerales. Los aranceles a las exportaciones no son en si mismo una medida descabellada de un gobierno delirante, sino una herramienta más de política fiscal que bien utilizada puede tener sus beneficios. En este sentido, nadie en Argentina descubrió la pólvora. Mis cuestionamientos surgen por lo inadecuado de la medida para los fines propuestos y por los excesivos incentivos adversos que genera al hacerse un uso indiscriminado de la misma.
Como dije al principio, mi intención no ha sido criticar a un gobierno en particular o aun partido político específico. Creo que estas medias son dañinas en sí mismas independientemente de quien las aplique.
Habrá sin lugar a dudas gente a favor de este gobierno y gente en contra, lo cual es un buen síntoma de clima democrático, pero lo que no creo que exista es ciudadanos argentinos en contra de su país. Por ello, quienes se preocupan por el porvenir de la nación y quienes tienen en este momento en sus manos el poder de conducir al país deben dejar de lado los intereses particulares, los rencores, el orgullo, y con humildad encarar los problemas que aquejan al país buscando la mejor solución y no la solución que más se ajusta a su ideología o postura partidaria.

SJ+sano